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domingo, diciembre 13, 2009

Admiral Graf Spee;a 70 años de la Batalla del Río de la Plata


Graf Spee. Se publicó el primer libro escrito por uruguayos sobre el acorazado alemán. El único sobreviviente que reside en Uruguay aseguró que "volvería a cumplir las órdenes impartidas"


"Habiendo jurado la bandera como todo soldado de carrera, naturalmente volvería a cumplir las órdenes impartidas. Todo el que participa de la guerra tiene que defender su patria. El destino resuelve si sobrevives o no, pero el honor del soldado es ese".

Pasaron 70 años, pero Hans Eubel, ex tripulante del Graf Spee que reside en Punta del Este, asegura que, aunque pudiera volver el tiempo atrás, zarparía de nuevo en el acorazado alemán desde el puerto de Wilhelmshaven aquel 21 de agosto de 1939. A pesar de las bajas en la batalla con los ingleses, a pesar de que debieron autodestruir el barco, de que el capitán se suicidó y de que la propia historia terminó juzgando el genocidio cometido por el nazismo, si Eubel tuviera otra vez 22 años, tomaría las armas torpedo del Graf Spee y dispararía.

Desde hace 46 años que veranea en Punta del Este, cuenta Eubel a El País. Pero, hace unos meses se mudó al balneario junto a su esposa argentina de padres alemanes y está tramitando el permiso de residencia definitiva: "Me parece un excelente lugar para pasar aquí mis últimos años", dice.

ubel fue uno de los más de 1.000 marinos alemanes que después del hundimiento del Graf Spee fue llevado a Argentina. En el puerto de Montevideo, donde atracó el acorazado después del enfrentamiento con las naves inglesas Exeter, Ajax y Achilles el 13 de diciembre de 1939, descendieron sólo los cerca de 60 heridos. También fueron enterrados en el Cementerio del Norte los 36 muertos.

Para el sepelio, el gobierno uruguayo autorizó a ir a 300 tripulantes, que se formaron junto a los cajones tapados por la bandera con la esvástica. A la cabeza estaba el capitán del acorazado, Hans Langsdorff, y dos sacerdotes.

"Luego de unas emotivas palabras, Langsdorff se despide personalmente de cada uno de los caídos (...). Finalmente se aparta de las fosas, adopta la posición de firme y suenan las salvas. Su saludo contrasta fuertemente al del brazo extendido estilo nazi, empleado por la mayoría de los presentes, incluidos los ministros religiosos. Esta imagen genera especulaciones sobre el posible carácter antinazi de Langsdorff. No hay significado político alguno en el gesto, simplemente la armada alemana está exenta de realizar el saludo nazi", narra el libro 1939-2009: de Wilhelmshaven al Río de la Plata. Graf Spee.

El volumen escrito por Daniel Acosta y Lara y Federico Leicht, publicado por Ediciones de la Plaza, es el primero de autores uruguayos sobre el tema. "Contiene una masa crítica de información que permite desmitificar el tema y dar a conocer una versión de la historia que no es conocida en el país", dice Acosta y Lara.

Entre los mitos que se derriban en base a documentos, muchos inéditos, está la cualidad de maravilla tecnológica que se le atribuía al barco, definido como: "Más fuerte que el más veloz, y más veloz que el más fuerte". El libro -y agradable objeto- no sólo contiene imágenes de época, sino también croquis originales y diseños hechos en 3 dimensiones.

Patrick Dove, capitán de un carguero inglés capturado por el Graf Spee un mes antes de la batalla final, escribió sobre la explosión de una granada a la altura del tercer cañón de popa: "Un momento antes se encontraban allí ocho hombres ocupados en cargar el cañón: ahora se arremolinaban dentro del hongo de humo pedazos de uniformes y de miembros humanos", cita el libro.

POLÍTICA. Uno de los temas más novedosos del libro de Acosta y Lara y Leicht es la investigación sobre la "segunda batalla", la diplomática, que se desató entre el gobierno uruguayo y las embajadas de Alemania e Inglaterra por la entrada del Graf Spee a un país hasta entonces neutral en la Segunda Guerra Mundial.

Durante las 72 horas que estuvo el acorazado en Montevideo, "hubo una puja diplomática que terminó ganando nuevamente Inglaterra", explica Leicht, "favor político" que este país terminó pagando con convenios y regalos.

En concreto, los alemanes pedían un plazo de dos semanas para reparar las averías y poder navegar, bajo la promesa de no reforzar su capacidad combativa. Sin embargo, el gobierno les dio como ultimátum para partir el 17 de diciembre.

Langsdorff escribió una carta de protesta a raíz de esta decisión donde afirmaba: "Considerando que el gobierno de Uruguay se rehusó a concederme tiempo para restituirle a mi buque la aptitud para navegar en alta mar tal como está establecido en la Convención de La Haya, no estoy dispuesto a poner mi buque (...) bajo el control de ese gobierno. Bajo estas circunstancias, no tengo otra alternativa que hundir mi buque", narra el libro.

El capitán decide no arriesgarse a perder y dejar al Graf Spee con sus secretos en manos de los barcos ingleses, que aún lo esperaban en Punta Yeguas. Pero tampoco estaba dispuesto a llevar a su tripulación hacia una inminente derrota.

"La figura del capitán es amada por todos sus tripulantes, ya que les salvó la vida, y rechazada en Alemania por considerar que no había procedido de acuerdo a la bandera. Un capitán de la Marina de guerra de la época hitleriana tendría que haber salido y hundirse disparando sus cañones", opina Acosta y Lara. La decisión conlleva la famosa explosión del acorazado a manos de un equipo selecto de marinos y el posterior suicidio de Langsdorff.

Los sobrevivientes y familiares de esta batalla se reúnen cada año en Cassel. Y según dice Acosta y Lara, todos hablan de ello con la "frialdad" de militares alemanes hasta que se menciona a Langsdorff, a quien recuerdan como a un "padre", con lágrimas en los ojos.
Una nueva búsqueda submarina

A tres años de la extracción del águila imperial de bronce que llevaba el Graf Spee en la popa, el grupo de rescate submarino dirigido por Héctor Bado, reanudará sus trabajos el 15 de marzo. La búsqueda durará sólo 94 días, plazo que queda de contrato luego de la firma del decreto 306/006, que dispone "la suspensión de recepción de nuevas solicitudes de búsqueda promovidas por particulares y la baja de aquellas que estén en régimen de espera". El objetivo es sacar uno de los cañones principales, tres medianos y un cuarto cañón doble antiaéreo. A su vez, se pretende recuperar el escudo de armas de la familia Spee que se encontraban en la proa del barco. En el libro Graf Spee hay una imagen en acuarela del mismo, hecha por el mecánico de artillería Herbert Klemm.
El País Digital

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